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La candidiasis y sus nuevos tratamientos.

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río.

Profesor de Farmacología del CUCS de la Universidad de Guadalajara

La Candida albicans es una de las 70 diferentes especies de la levadura Candida. El término candidiasis se aplica a la proliferación excesiva de Candida albicans en alguna parte del cuerpo e inclusive a nivel sistémico. Esta levadura habita en todos los seres humanos pero solamente en pequeñas cantidades. Se considera que el 33 % de la población en el mundo Occidental sufre de una proliferación excesiva de Candida albicans.

Hace aproximadamente 25 años, Orian Truss, un clínico americano dio a conocer al mundo una levadura que puede encontrarse en el intestino y según él, es responsable de un vasto rango de enfermedades en los seres humanos. Desde entonces esta pequeña levadura llamada Candida albicans es ampliamente conocida en todo el mundo.

Para la medicina convencional la candidiasis casi siempre significa una invasión localizada en la vagina o en la boca, comúnmente llamada "algodoncillo". Pocos médicos convencionales han aceptado la noción radical del Dr. Truss de que la cándida también puede proliferar y causar un "síndrome de alcances casi ilimitados" según el Dr. Passwater.

A esta invasión intestinal algunos le llaman "disbiosis tipo micótico" o "síndrome del intestino disfuncional". Los que aceptamos la existencia de este síndrome, estamos de acuerdo en que el diagnóstico primario se hace a través de una prueba que muestra una producción anormal de etanol en el intestino.

Según algunas de nuestras investigaciones y las de otros médicos, la cándida habita principalmente en el intestino delgado, lo cual es contrario a lo que se pensaba; que habitaba en el intestino grueso.

Cuando se permite que la cándida prolifere, puede realizar una metamorfosis asombrosa cambiando de una simple célula de levadura a una forma micótica micelial mucho más dañina.

Bajo el microscopio, parece que a la célula le brotan ramas y raíces; éstas excavan en las paredes del intestino y al final pueden esparcirse por todo el cuerpo con efectos adversos potencialmente extendidos ( Current Biology, 1997;7:691-94).

De hecho, todos tenemos anticuerpos contra la cándida en nuestra sangre, lo cual sugiere que las invasiones sistémicas de bajo nivel asintomáticas pueden ser comunes. Sin embargo, cuando el sistema inmunológico está bajo presión, digamos como resultado de un estrés excesivo, una enfermedad o por medicamentos, la infección puede proliferar y causar una amplia variedad de síntomas aparentemente no relacionados con el intestino. Puede llegar a causar síntomas mentales y cerebrales.
Algunos investigadores afirman que la nueva evidencia sugiere que los anticuerpos anticándida pueden causar una reacción cruzada con los tejidos orgánicos, particularmente en la glándula del timo y los ovarios produciendo un tipo de reacción autoinmune. Esto puede llevarnos a una alteración ovárica, una menopausia prematura e infertilidad.

Los anticuerpos anti-timo pueden interferir con la función inmunológica y llevarnos a un círculo vicioso: una infección de levaduras nos lleva a una inmunosupresión, lo cual nos lleva a una infección peor por levaduras (Lancet, 1991;1238-49).
Tal vez el daño más insidioso es en el epitelio del intestino. Además de penetrar la pared intestinal en su forma micótica micelial, el sobrecrecimiento de la cándida está frecuentemente asociado con un incremento de toxinas llamadas poliaminas, las cuales atacan a las células de la mucosa de la pared intestinal. Esto resulta en una permeabilidad intestinal excesiva que popularmente se conoce con el nombre de "intestino agujereado" porque las paredes del intestino tienen fugas y ya no puede funcionar como una barrera efectiva. De esta manera, toda clase de substancias, algunas tóxicas pueden cruzar, en particular moléculas de alimentos no digeridos. Tales cuerpos extraños circulando en la sangre sensibilizarán al sistema inmunológico y frecuentemente causarán reacciones adversas a ciertos alimentos, manifestándose ya sea como alergias o intolerancia. Estas a su vez pueden resultar en una serie desconcertante de síntomas, muchos de los cuales se solapan con los de la Candida albicans. Por eso, desde el punto de vista diagnóstico, separar las sensibilidades alimenticias de la candidiasis es complejo. Hay 2 pruebas de laboratorio de reciente aparición que nos han facilitado las cosas. La prueba del etanol y la prueba de hidrógeno del aliento.
Se ha encontrado que la Candida albicans es un alérgeno mayor, el cual puede causar un tipo de reacción de fiebre de heno, resultando en urticaria, asma y síndrome de colon irritable. Muchas mujeres con vaginitis crónica tienen una vaginitis alérgica provocada por la cándida (L Galland, R Jenkins et al. Post-viral fatigue síndrome. John _Wiley & Sons 1991).

Se está acumulando evidencia de que la Candida albicans o contiene o produce substancias tóxicas, las cuales pueden interferir con el sistema inmunológico y la función cerebral. Muchas de estas toxinas son alcoholes que se producen por la reacción de los azúcares en el alimento y las levaduras en el intestino. Uno de los principales alcoholes del azúcar es el arabinitol, el cual, según estudios recientes ha demostrado ser una potente neurotoxina. Pruebas de laboratorio muestran la presencia de estos alcoholes en la sangre de muchos pacientes con problemas neuropsiquiátricos y autismo.

Una de las primeras medidas que tomamos en la medicina nutricional es recomendar una dieta baja en leche incluyendo sus derivados y productos que contengan levaduras por lo menos 3 meses (Environmental Medicine in Clinical Practice BSAENM, 1997).

A través de los años, el uso de medicamentos antimicóticos como la nistatina ha tendido a disminuir gradualmente. En la actualidad, un número creciente de médicos está recurriendo a terapias menos agresivas. Concretamente se está utilizando la probiótica que consiste en el uso de bacterias especialmente cultivadas idénticas a las del intestino y que normalmente conservan bajo control el crecimiento de la levadura de la Candida albicans.

Un estudio cruzado reciente con duración de más de un año sobre la candidiasis vaginal mostró una disminución en los síntomas en las pacientes que recibieron una terapia probiótica (Annals of Internal Medicine 1992;116:353-7).

Además de la probiótica, cada vez son más los médicos que recurren a nuevas fuentes de tratamientos anti-micóticos, la mayoría de ellos son extraídos de plantas.

Uno de estos productos herbolarios y que está ganando popularidad es el sello dorado. Sus principales ingredientes activos son la berberina, la canadina y la hidrastina. Algunos estudios clínicos serios y publicados en revistas médicas reconocidas han confirmado que la berberina es un poderoso agente anti-micótico (Majan VM et al. Antimycotic activity of berberine sulphate: an alkaloid from an Indian medicinal herb. Saboraudia. 20:79-81, 1982).

Parece que el sello dorado tiene otras 2 propiedades que lo hacen particularmente útil contra la Candida albicans: inhibe las poliaminas destructivas que van junto con la cándida y elimina las toxinas postmortem producidas cuando las cándidas son matadas.

Otro de los encuentros en los pacientes que sufren de candidiasis crónica es la deficiencia de coenzima Q-10. La razón es que la proliferación de Candida albicans en el duodeno y el yeyuno consume la coenzima Q-10 accesible y eso produce su deficiencia.

Dentro del grupo de los minerales, el germanio es el que más frecuentemente está deficiente en los pacientes con candidiasis. Ahora sabemos que el germanio inhibe el crecimiento de Candida albicans.

En la mayoría de los casos de candidiasis, los médicos orientados a la nutrición recomendamos unas enzimas llamadas proteasas que degradan a las proteínas y así ayudan a la digestión. Las proteasas ayudan a conservar al intestino delgado libre de parásitos incluyendo de las levaduras ( Gut, 1990;33:1331-7). Una deficiencia de proteasas incrementa enormemente el riesgo de infecciones intestinales incluyendo infecciones crónicas por cándidas.