Las microondas destruyen los nutrientes

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río
Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C. y Profesor de Farmacología del CUCS de la Universidad de Guadalajara.


Fue hasta más o menos en el año de 1900 cuando el campo electromagnético de la tierra consistía en forma sencilla en su propio campo y algunas otras micro pulsaciones asociadas con él. Tal es el caso de las descargas fortuitas de relámpagos y la luz visible. En cambio, en la actualidad estamos sumergidos en un mar de energía que es casi totalmente hecho por el hombre. Si percibimos y derivamos información del campo geomagnético natural, es muy lógico que todo este campo electromagnético no natural esté produciendo efectos biológicos que pueden ser dañinos. Actualmente, la energía electromagnética abarca todo el mundo, es decir, no hay lugar donde esconderse de ella. En los lugares más remotos del planeta también estaríamos expuestos a un nivel de frecuencias corrientes ubicuas de 50 o 60 Hz, igual que las ondas de radio reflejadas en la ionósfera. Con esto, fácilmente podemos percatarnos de que el problema de la electropolución es mundial y para resolverlo se requeriría de un inmenso esfuerzo y coordinación internacional. Por otro lado, como individuos, sí tenemos algo de control sobre nuestros aparatos electromagnéticos que ordinariamente utilizamos en nuestra vida diaria. El único concepto básico que debemos de aplicar es la tasa de riesgo-dosificación. Por ejemplo, sabemos que una razuradora eléctrica produce un campo electromagnético extremadamente alto en potencia, si está conectada a la corriente eléctrica. Hemos medido con diferentes aparatos, campos electromagnéticos de 60 Hz, de hasta 400 miligauss a un centímetro del filo de la navaja. Estos campos penetran la piel del operador. Existe evidencia científica de que los campos de 60 Hz de tan sólo 3 miligauss, están relacionados con el aumento de la incidencia de cáncer. Esto entonces nos dice que estos campos electromagnéticos emitidos por la razuradora eléctrica (conectada a la línea eléctrica) son 100 veces más potentes del máximo considerado como seguro.

Por lo anterior, es muy importante no olvidar el concepto de tasa-dosificación, ya que la razuradora eléctrica se usa durante unos minutos nada más. Por lo cual, la exposición es mínima. En cambio, por ejemplo, la fuerza del campo magnético de una sábana eléctrica es de 50 a 100 miligauss, estando todavía dentro de la zona de peligro. Además, hay que tomar en cuenta que el uso de la sábana es de varias horas diarias, por lo que la dosis total administrada es mucho más alta.

En un estudio publicado hace poco se estudiaron a 304 mujeres diagnosticadas con cáncer de mama y 305 mujeres de control y se llegó a la conclusión de que el uso de la sábana eléctrica está asociado con un incremento en el riesgo de cáncer de mama. El riesgo aumenta entre más frecuentemente se usa la sábana eléctrica y también aumenta con el número de años que se ha usado. El riesgo general fue mayor en la mujeres premenopáusicas que en las mujeres postmenopáusicas (Am J of Epidemiology, Vol. 158, Octiber 15, 2003, pp. 798-806).

En los estudios que hicimos hace algunos años en el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara hemos corroborado que un reloj eléctrico produce un campo magnético sorprendentemente alto por el pequeño motor eléctrico que lo activa. Hemos visto que un reloj eléctrico común en el buró de la recámara produce un campo magnético de 5 a 10 miligauss a 70 cm de distancia, es decir, directamente sobre la cabeza del sujeto. Por lo cual, recomendamos que se usen relojes de baterías.

Por lo anterior es recomendable que conservemos los campos electromagnéticos a un nivel mínimo, en el área donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo – alrededor de nuestras camas. En estudios animales, las frecuencias entre 16 y 60 Hertz han demostrado alterar la síntesis de proteínas celular rompiendo la síntesis de RNA y reduciendo la respuesta inmunológica (RW Adey B Norden and C Ramel, Interaction mechanisms of low level electronagnetic fields in living systems, Oxford:Oxford University Press, 1992).

Hay evidencia que demuestra que cocinar con microondas no es natural, ni sano y que puede ser peligroso para los seres vivos, incluyendo a los humanos.

Me pregunto cuál sería la razón por la que la desaparecida Unión Soviética prohibió el uso de hornos de microondas en 1976.
En realidad las microondas son una forma de energía electromagnética. Todos sabemos que en la actualidad, las microondas se usan para enviar a larga distancia las señales de teléfono, los programas de televisión y hasta la información de las computadoras a través de todo nuestro planeta. Aunque la mayoría de la gente está familiarizada con la microondas como fuente de energía para cocinar la comida.

El horno de microondas produce una radiación de microlongitud de onda cerca de 2.45 GHz. Obviamente esta radiación interactúa con las moléculas en los alimentos. Las moléculas de los alimentos (particularmente las del agua) tienen una terminal positiva y otra negativa de la misma forma que un magneto tiene polo sur y norte. Las microondas generadas por el horno hacen que las moléculas polares roten a la misma frecuencia de millones de veces por segundo.

Esta energía crea una fricción molecular que calienta a la comida. Esta fricción deforma a las moléculas.
Recordemos que el sol también produce microondas pero son de corriente directa pulsante, las cuales no crean calor friccional como el horno que utiliza corriente alterna.

Por otro lado, el sol nos envía ondas que abarcan un amplio espectro de frecuencia, mientras que el horno de microondas produce longitudes de onda en espiga de energía solamente en una frecuencia angosta del espectro de energía (Nexus Magazine, Vol. 2, No. 25, Apr-May 1995).
En la revista médica Lancet, la Dra. Lita Lee afirmó que las fórmulas de bebé que son calentadas en el microondas convierten ciertos trans-aminoácidos en sus cis-isómeros sintéticos. Y los isómeros sintéticos, ya sean cis-aminoácidos o ácidos grasos trans, no son biológicamente activos. Además la L-prolina se convierte (por el efecto de las microondas) a su isómero D, el cual es neurotóxico (dañino para el sistema nervioso) y nefrotóxico (dañino para los riñones).

Todo esto significa que las estructuras de las moléculas son forzadamente deformadas. Esto se llama isomerismo estructural y de esta manera disminuye la calidad de los alimentos.
La historia nos dice que en 1991, hubo una demanda judicial debido a que se utilizó un horno de microondas para tibiar sangre que se requería para una transfusión y lamentablemente, la paciente que la recibió, murió.
Durante ese mismo año, el Dr. Hans Ulrich Hertel y un profesor de la Universidad Laussane publicaron un artículo sobre una investigación indicando que los alimentos cocinados en hornos de microondas podrían ser de mayor riesgo para la salud que los alimentos cocinados por medios convencionales. Aunque no debemos olvidar que algunos de estos métodos convencionales también pueden generar substancias tóxicas (Food Matters Newsletter, Septiembre 17, 2008).

Varios estudios clínicos han demostrado los cambios que se generan en la sangre de las personas que consumen alimentos cocinados en hornos de microondas. Algunos de estos cambios son incremento en los niveles séricos de colesterol, disminución de la hemoglobina así como una disminución a corto plazo de los linfocitos y una leucocitosis a largo plazo.

Usar las microondas para cocinar también crea nuevos compuestos, llamados compuestos radiolíticos, los cuales son fusiones desconocidas que no se encuentran en la naturaleza. Estos compuestos radiolíticos son creados por la descomposición molecular como el resultado directo de la radiación.

Investigadores rusos hicieron extensos estudios en miles de trabajadores quienes habían sido expuestos a las microondas durante el desarrollo del radar en los años 50s. Las conclusiones fueron definitivas, las microondas causan problemas de salud. Así que pusieron límites estrictos de 10 microwatts para los trabajadores y de un microwatt para los civiles.

Los primeros signos de la enfermedad de las microondas son hipotensión y bradicardia. Luego, las manifestaciones más comunes y tardías son una excitación crónica del sistema nervioso simpático (síndrome del estrés) e hipertensión.

Si esta estimulación continúa, los síntomas crónicos se convertirán en un agotamiento de las glándulas suprarrenales y una enfermedad isquémica cardiaca.

Según las conclusiones de las investigaciones, tanto rusas como alemanas sobre la exposición de comida a la propagación de microondas a un potencial de energía de 100 kilowatts/cm3/segundo al punto considerado aceptable para la ingestión normal sanitaria, las siguientes son algunas de estas conclusiones.

Se encontraron efectos causantes de cáncer como la creación un efecto de enlace a la radioactividad de la atmósfera, produciendo un marcado incremento en la saturación de partículas alfa y beta en los alimentos. También se encontraron radicales libres.
En otra categoría de efectos, se verificó un decremento significativo en el valor nutricional de los alimentos expuestos a las microondas.

Y por último en la tercera categoría de efectos, se mencionan los efectos biológicos generales sobre el bienestar de los seres humanos.
Se detectó una degradación del campo energético vital humano, una degeneración y desestabilización de los potenciales activados por energía externa, la producción de hormonas (tanto masculinas como femeninas) se detiene o se altera, una degeneración y desestabilización de los potenciales de membrana celular internos, una pérdida acumulativa a largo plazo de las energías vitales dentro de los humanos, los animales y las plantas, entre otros muchos otros efectos biológicos.
Con relación a los efectos de las microondas en los nutrientes, un equipo de investigadores hizo un estudio que demostró que las microondas sobre el brócoli elimina virtualmente sus nutrimentos antioxidantes esenciales. Se cocinó brócoli de 4 maneras diferentes – a vapor, a presión, hirviendo y en horno de microondas. Encontraron que el método de al vapor preservó cerca del 90 % del contenido de antioxidantes bioflavonoides, el cocinado a presión preservó cerca del 45 %, el método de hervir preservó cerca del 35 % y el método de cocinar en microondas preservó solamente el 2 % de los nutrimientos antioxidantes. Dicho de otra manera, el 98 % de unos de los componentes más importantes del brócoli fue destruido con las microondas.

Recordemos que el horno de microondas fue introducido para uso doméstico hace cerca de 30 años, por lo que es sorprendente que hasta se estén dando cuenta del efecto devastador que tienen las microondas en los nutrientes de los alimentos (Microwave cooking zaps nutrients. New Scientist, October 25, 2003 p. 14).Además, si las microondas tienen este efecto destructor sobre los nutrientes, me pregunto si no es lógico pensar que tendrán un efecto similar en todos los demás alimentos.

Por todo lo antes señalado, les recomiendo a mis lectores que cocinen sus alimentos de la manera menos agresiva hacia los nutrientes y consumir la mayor cantidad posible de alimentos crudos.

Ahora bien, con relación a la contaminación electromagnética, la buena noticia es que ya existe un método moderno para protegernos de estos campos electromagnéticos dañinos. Se fabrican unos pequeños aparatos protectores para uso personal. Pero también se manufacturan unos protectores especiales individuales para cada aparato electrónico doméstico, como la computadora o la televisión. Lo más moderno, son los protectores para grandes áreas, es decir para proteger una recámara o una sala en nuestra casa.

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