Apoyo nutricional contra el sobrepeso y la obesidad

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río
Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.


En nuestros días, reconocemos que la obesidad es la enfermedad metabólica más frecuentemente observada en la población general y se le identifica como un desproporcionado aumento de tejido adiposo a consecuencia de un exceso en la ingesta energética y de una disminución en la actividad física. Así pues, se define como el exceso de grasa corporal que se traduce en mayores riesgos para conservar la salud. También se sabe que la prevalencia de la obesidad aumenta con la edad y es mayor en mujeres que en hombres.

La relación entre el aumento de la morbilidad, una disminución de la esperanza de vida y la obesidad no es reciente; Hipócrates, en el siglo IV antes de Cristo afirmó que “la muerte súbita es más frecuente en aquellos que son naturalmente gordos que en los delgados”.

Como enfermedad crónica, la obesidad es un estado de adaptación ho¬meostática anormal, en la que el organismo gradualmente logra la capacidad de vivir día con día ajustando su metabolismo a una ingesta excesiva de nutri¬mentos calóricamente densos, que llevan a un estado de secreción neuroen¬docrina alterada. Esta adaptación a la progresiva acumulación de grasa corpo¬ral, al evolucionar en forma crónica, produce daño al endotelio de la micro¬circulación y de la macrocirculación, en asociación con otras alteraciones sistémicas.

Entre los muchos factores implicados en la patogenia de la obesidad, sobresalen los desajustes en el control de la conducta alimentaria, en los mecanis¬mos de almacenamiento de las grasas y en el equilibrio entre la ingesta y el gasto de energía, así como las influencias endocrinas, psicológicas, genéticas y sociales.

La importancia de la obesidad radica en su elevada prevalencia y en ser por sí misma una alteración metabólica crónica condicionante de otros trastor¬nos metabólicos como resistencia a la insulina, intolerancia a los carbohidratos, diabetes mellitus, dislipidemias, problemas cardiovasculares como aterosciero¬sis, cardiopatía isquémica e hipertensión arterial, enfermedad vascular cere¬bral, algunas neoplasias y una mayor incidencia de complicaciones quirúrgicas. Las personas obesas están en alto riesgo de padecer también apnea del sueño, insuficiencia respiratoria, cataratas, enfermedades infecciosas, osteoartritis, cálculos renales y cálculos biliares entre otras enfermedades. Además, el individuo obeso presenta frecuentemente dificultades psicosociales asociados a su enfermedad.

Como ya lo mencioné, existen varios factores que influyen en la aparición de la obesidad entre los que se encuentran, los genéticos, los factores endocrinos y metabólicos, nutricionales, psicológicos y sociales. Seguir una dieta con alto índice glicémico aumenta el riesgo de sufrir obesidad (Holt, S., et al. Interrelationships among postprandial satiety, glucose and insulin responses and changes in subsequent food intake. Eur J Clin Nutr. 50:788-797, 1996). El consumo excesivo de carbohidratos puede causar obesidad. La falta de ejercicio, también nos puede llevar a la obesidad. Una tasa metabólica basal baja puede resultar en obesidad (Astrup, A., et al. Low resting metabolic rate in subjects predisposed to obesity: a role for thyroid status. American Journal of Clinical Nutrition. 63(6):879-883, 1996). Niveles excesivos de cortisol contribuyen al desarrollo de la obesidad (South, J. Weight loss - the antiaging way. Antiaging Bulletin. 4(5):7-25, 2000). Niveles elevados de insulina aumentan el riesgo de obesidad (DeFronzo, R., et al. Insulin resistance - a multifaceted syndrome responsible for NIDDM, obesity, hypertension, dyslipidemia, and atherosclerotic cardiovascular disease. Diabetes Care. 4(3):173-194, 1991). La resistencia a la insulina es una causa subyacente muy común de obesidad (Caro, J. F. Insulin resistance in obese and nonobese man. J. Clin. Endocrinol. Metab. 73:691-695, 1991). Los niveles excesivos de leptina son frecuentes en los pacientes obesos (Prior, K. Leptin and weight loss: the hormonal key to fat reduction and Herat health. Vitamin Research News. April 2006). La secreción excesiva de neuropéptido Y puede causar obesidad.

La obesidad es el resultado de ingerir más energía de la que se necesita. No hay duda de que las personas obesas consumen una mayor can¬tidad de calorías en su alimentación diana. Este consumo excesivo puede comenzar desde etapas muy tempranas de la vida, y ello depende fundamental¬mente de las influencias culturales y de los hábitos de cada familia en particular.

Por otro lado, tenemos algunos medicamentos pueden producir incrementos ponderales significativos. Los que principalmente muestran este efecto son:

Glucocorticoides
Antidepresivos tricíclicos (en particular la amitriptilina)
Ciproheptadina
Fenotiacinas en general
Litio
Progestágenos (medroxiprogesterona) y otras hormonas esteroides

Todo mundo sabe que casi siempre hay un aumento de peso y un incremento en el apetito cuando se deja de fumar. Es un hecho que confirma que la nico¬tina tiene cierto efecto supresor sobre el apetito.
Según información de la Organización Mundial de la Salud, las cifras indican que en el año 2007 existen aproximadamente 1,000 millones de individuos adultos con sobrepeso.

En un estudio realizado a nivel nacional que se llevó a cabo entre septiembre de l992 y agosto de 1993 y que se denominó Encuesta Nacional de Enfermedades Crónicas. se aprecia que, en general, las prevalencias de obesidad son muy altas, 41.4% para mujeres y 28.5% para varones, independientemente de la edad.
Es tan importante el problema de la obesidad en nuestro país que existe una Norma Oficial Mexicana NOM-174-SSA1-1998 para el manejo integral de la obesidad. En esta norma, se menciona el manejo médico, el manejo nutricio y el manejo psicológico de esta condición patológica.

A través de los años se han probado múltiples combinaciones como estrate¬gias dietéticas para disminuir la cantidad de tejido graso y de peso corporal; entre las más conocidas se encuentran las dietas de reducción de grasas, dietas ricas en fibra, las dietas de mayor o menor cantidad de carbohidratos, las dietas ricas en proteínas, las dietas liquidas y las dietas con ayunos controlados. En la actualidad, se acepta que una dieta debe propiciar una reducción ponderal de 0.5 a 1 kg o 1% de reducción del peso corporal por semana. Se ha visto que reducciones mayores únicamente se pueden lograr con dietas de muy escasas calorías, cuyo seguimiento y sostén resultan difíciles en extremo, aparte de requerir un manejo experto.

Debido a que la obesidad se reconoce como una entidad de origen heterogéneo de acuerdo con su evolución natural (espontánea), las estrategias terapéuticas que se proponen para su manejo deberán ser estrictamente individualizadas.

La obesidad y el sedentarismo, como todos sabemos, son el producto de la vida moderna que nos llevan a va¬rias alteraciones metabólicas y al incremento de la morbilidad y la mortalidad. La evidencia científica demuestra que la actividad física regular y de modera¬da intensidad efectuada durante varios días de la semana, asociada a un plan de alimentación sano en el que se disminuya el consumo de calorías y grasa saturada, ayuda a regular el peso, proporciona importantes beneficios a la salud y reduce el riesgo de morbimortalidad derivado de enfermedades metabólicas. Debe hacerse hincapié que no es necesario perder todo el excedente de peso para obtener beneficios mediante el ejercicio.
Una ayuda muy importante durante nuestra estrategia para bajar de peso, es la de usar edulcorantes no nutritivos que son sustitutos del azúcar y que no aportan energía a la dieta, por lo que ofrecen varias ventajas en la dietas para la reducción de peso. Tal es el caso de la stevia.

A continuación mencionaré algunos de los efectos sobre la producción de energía y la pérdida de peso de varios nutrimentos.
El quitosán facilita la pérdida de peso en personas afligidas de obesidad ya que puede inhibir la digestión posterior de grasas dietéticas del tracto digestivo al enlazarse con los lípidos (grasas) y puede por eso, facilitar su excreción (Mhurchu, C. N., et al. The effect of the dietary supplement, chitosan, on body weight: a randomised controlled trial in 250 overweight and obese adults. Int J Obes Relat Metab Disord. 28(9):1149-1156, 2004).

La fibra dietética puede ayudar a prevenir y tratar la obesidad al suprimir el apetito, al retardar el vaciamiento del estómago y al reducir el número de calorías absorbidas (Slavin, J. L. Dietary fiber and body weight. Nutrition. 21(3):411-418, 2005).

El magnesio puede mejorar el rendimiento atlético vía la producción de ATP. Facilita la conversión de glucosa endógena en energía debido a su papel en la producción de energía. Se ha visto que el magnesio puede aumentar la capacidad de hacer ejercicio prolongado, hasta en un 50 % y alivia la fatiga.
Algunas referencias anecdóticas mencionan que el calcio puede facilitar la pérdida de peso en las personas obesas. La fatiga puede ser el resultado de una deficiencia de calcio. Cuando uno hace ejercicio atlético, se incrementan los requerimientos de vitamina C. Hemos notado que la vitamina C alivia y previene la fatiga, principalmente al facilitar la producción de la hormona tiroidea, tiroxina y por lo tanto facilita la pérdida de peso (Johnston, C. S. Strategies for healthy weight loss: from vitamin C to the glycemic response. J Am Coll Nutr. 24(3):158-165, 2005).

Aquellas personas que hacen ejercicio de resistencia, tienen mayor riesgo de sufrir una deficiencia de zinc.
El yodo puede facilitar la pérdida de peso en personas obesas, especialmente si sufren de hipotiroidismo.
La tiamina es esencial para producción de energía debido a su papel en la oxidación del ácido pirúvico. También retrasa la producción endógena de ácido láctico al desviar al ácido pirúvico en el ciclo de Krebs. Se ha visto que mejora el rendimiento atlético.
La Piridoxina es un cofactor esencial para la producción de energía e incrementa la resistencia corporal a la fatiga.
El ácido hidroxicítrico puede facilitar la pérdida de peso al prevenir la conversión de carbohidratos dietéticos en exceso en tejido adiposo, al inhibir a la enzima ATP-citrato liasa (Leonhardt, M., et al. Effect of hydroxycitrate on food intake and body weight regain after a period of restrictive feeding in male rats. Physiol Behav. 74(1-2):191-196, 2001).

Hemos notado que el manganeso mejora la producción corporal de energía, alivia algunos casos de fatiga y parece que facilita la pérdida de peso en personas enfermas de obesidad.
Por otro lado, puedo mencionar que el cromo mejora la salud de las personas que hacen ejercicio intenso ya que este tipo de ejercicio acelera la excreción de las reservas de cromo. También ayuda a prevenir la obesidad al mejorar la utilización corporal de la azúcar. Estimula la fuerza y la masa muscular (Anderson, R. A., et al. Effects of chromium on body composition and weight loss. Nutrition Reviews. 56(9):266-270, 1998).
Con respecto a la cianocobalamina, puedo decir que aumenta los niveles de energía.

La vitamina D ayuda a prevenir la resistencia a la insulina. Asimismo previene la obesidad al disminuir la secreción de leptina.

La deficiencia de vitamina K produce falta de energía debido a su papel en la producción de ATP.

En estudios clínicos se ha encontrado que las personas enfermas de obesidad están frecuentemente deficientes de coenzima Q-10 y se ha demostrado que su complementación puede acelerar la pérdida de peso en estos casos (van Gaal, L., et al. Exploratory study of coenzyme Q10 in obesity. In: Biomedical and Research Aspects of Coenzyme Q, Vol 4. Folkers, K., & Yamura (eds.). Elsevier Science Publishers. Amsterdam, 1984:369-373).

La vitamina B2 está involucrada en la producción de energía corporal ya que es precursora de mononucleótido flavina y dinucleótido adenina flavina (FAD) necesarios par producir ATP.

Con relación a las proteínas, se sabe que incrementar la ingesta dietética de proteínas a una cantidad que iguale el 25 % de la ingesta total de calorías puede facilitar la pérdida de peso y la reducción de tejido adiposo blanco en personas enfermas de obesidad.

La proteína de soya facilita el crecimiento muscular.

El aminoácido carnitina mejora el rendimiento atlético al mejorar la producción de energía, sobre todo en los que hacen ejercicio aeróbico. También mejora la función cardiovascular en las personas que hacen ejercicio y reduce la acumulación de ácido láctico durante el mismo por lo que incrementa la tasa de recuperación después del ejercicio (Harris, S. Boost your performance and burn fat with L-carnitine. Healthy Natural Living. Summer 2000:8-10).
La nicotinamida es un factor importante en la glucólisis, o sea la extracción de energía de los carbohidratos, particularmente de la glucosa.

La vitamina E mejora el rendimiento atlético y previene el daño al ADN corporal que ocurre después del ejercicio atlético. También reduce la acumulación de toxinas que se acumulan durante el ejercicio (Evans, W. J. Vitamin E, vitamin C and exercise. American Journal of Clinical Nutrition. 72(Supplement):S647-S652, 2000).

El cobre está involucrado en la producción de energía vía su papel en la función de la enzima citocromo C oxidasa.

La vitamina A contrarrestra la resistencia a la insulina y se requiere para el funcionamiento apropiado de la glándula tiroides.

El ácido fólico previene la osteoporosis, la trombosis, las embolias y la fatiga.

La biotina se requiere para la producción endógena de energía, reduce la resistencia a la insulina, alivia el dolor y la debilidad muscular cuando hay deficiencia (Haas, Elson M. Staying Healthy with Nutrition. Celestial Arts, Berkeley, California, USA. 1992:130).

El selenio es antioxidante, reduce la fatiga y disminuye el dolor muscular.

El potasio previene la resistencia a la insulina, mejora la retención de nitrógeno, se requiere para las contracciones musculares e incrementa la capacidad para el ejercicio prolongado.

La lecitina se encuentra en muchos alimentos.

Muchos de los efectos positivos del consumo de lecitina se basan en el hecho de que la lecitina es una fuente importante de colina. La colina es una substancia lipotrópica que funciona en el metabolismo del cuerpo como un agente que ayuda en la digestión de las grasas. Se cree que la colina ayuda al cuerpo a quemar grasa y por eso actúa como un agente de apoyo en la pérdida de peso.

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