Un corazón sano con los ácidos grasos

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río
Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.


No todas las grasas son malas y parece que ciertos aceites son vitales, tanto para la salud mental como para la física. A éstos se les llama aceites "esenciales" porque como las vitaminas, nuestro cuerpo no puede fabricarlos y debemos obtenerlos de los alimentos. Como además desde el punto de vista químico son ácidos, se los llama ácidos grasos esenciales.

La noción de ácidos grasos esenciales fue introducida en 1929 por el Dr. George Burr y su esposa Mildred, quienes hacían investigaciones sobre las necesidades alimentarias de las ratas en Minnesota. En realidad, estudiaban el papel de la vitamina E en la ovulación.

Como la vitamina E es soluble en grasas, se pusieron a estudiar los efectos de un régimen completamente carente de lípidos. De esta manera provocaron un síndrome de deficiencia diferente de la simple falta de vitamina E. Lo asombroso en ese síndrome era el profundo deterioro de la piel y el pelo. Con el tiempo, se descubrió que ese síndrome se podía prevenir introduciendo en la dieta un solo ácido graso llamado ácido linoleico. Se trata de un ácido graso que los vegetales fabrican en particular en sus semillas. Así descubrieron que el ácido linoleico es un ácido graso esencial para la rata. En la actualidad sabemos que el mamífero es un animal que no puede sobrevivir sin consumir ácido linoleico. Lo mismo sucede con el mamífero humano.

Los ácidos grasos son ácidos de cadena larga (18 carbonos). Cuando todos los brazos de los 18 carbonos están plenamente ocupados, significa que están "saturados" de hidrógeno. Entonces se llama ácido saturado. Ahora bien, si el átomo 9 y 10 de carbono liberan un átomo de hidrógeno. Entonces se produce un enlace doble y hace que el ácido graso ya no pueda estar saturado de hidrógeno. Y entonces se le nombra monoinsaturado como el ácido oleico. Si son muchos los enlaces dobles, se le conoce como poliinsaturado. Tal es el caso del ácido linoleico.

La química nos enseña que existe una correlación entre la fórmula de un ácido graso y sus propiedades físicas. Cuanto más larga es la cadena, más insaturado, más flexible y más bajo su punto de congelación. La conclusión es muy sencilla; las substancias sólidas a la temperatura ambiente son grasas y las que son líquidas son aceites.

Para cumplir sus funciones específicas, los ácidos grasos deben sufrir varias transformaciones, en particular en el hígado. Estas transformaciones son sucesiones de reacciones que tienden hacia la desaturación y la elongación de la cadena de átomos de carbono.

Estas reacciones se debilitan en las personas de edad y en la mayoría de los estados de enfermedades crónicas y son inhibidas por las hormonas del estrés. Estas reacciones son bloqueadas por el alcohol, el azúcar, por ciertos virus, ciertas radiaciones y por ciertos ácidos grasos saturados.
Estudios recientes han demostrado que los vegetarianos están comúnmente deficientes en ciertos ácidos grasos como el ácido docosahexaenóico porque no consumen alimentos animales y de esta forma no hay ácido docosahexaenóico en sus dietas. Los niveles sanguíneos de ácidos grasos de cadena larga de los vegetarianos muestran que éstos son muy bajos, especialmente en los vegetarianos a largo plazo.

Al comienzo de la década de 1970 las estadísticas obtenidas por la Organización Mundial de la Salud habían revelado que Finlandia tenía el récord mundial en enfermedades cardíacas. De modo que el gobierno Finlandés tomó la determinación de actuar para proteger a la población. Se eligió a Karelia del Norte como región testigo y a Karelia del Sur como control. Se llevó a cabo una campaña masiva de educación con énfasis en la alimentación. Finlandia tenía también récord en el consumo de mantequilla. Inclusive se controlaron los alimentos en las tiendas. Siete años más tarde la mortalidad por accidentes cardiovasculares había disminuido un 25 % y la mortalidad por accidentes cerebrales un 30 %. Hoy está de la misma forma comprobado que los japoneses que viven en Japón tienen menos problemas cardíacos que aquellos que han emigrado a los EE. UU. y han dejado su tradicional método de alimentarse caracterizado en una alta ingesta de pescado.

Unos investigadores de Veterans Affairs Medical Center reportaron que el ácido docosahexaenoico provee una protección importante contra el desarrollo de la enfermedad coronaria (Simon J.A. et al. "Serum fatty acids and the risk of coronary herat disease". American Journal of Epidemiology, Sept 1995;142(5):469-476). Su estudio involucró más de 6,000 hombres de edad media a quienes se les hicieron mediciones en sangre entre 1973 y 1976. Los investigadores encontraron que los hombres con niveles sanguíneos más altos de ácidos grasos omega 3 tuvieron casi un 50 % riesgo menor de desarrollar una enfermedad cardiaca que los hombres que tenían niveles más bajos.

En algunos estudios que realizamos hacer varios años en el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara notamos que los ácidos grasos omega 3 bloquean específicamente las corrientes excesivas de sodio y calcio en el corazón en animales de experimentación. Esas descargas eléctricas causan cambios erráticos y peligrosos en el ritmo cardiaco. En la actualidad, sabemos que las arritmias, especialmente aquellas de los ventrículos cardiacos, se consideran los acontecimientos contribuyentes más importantes en la muerte súbita cardiaca.

En la literatura médica, hemos encontrado varios grandes ensayos clínicos que han confirmado la capacidad del aceite de pescado para prevenir la muerte súbita cardiaca en ambos casos, individuos presumiblemente sanos lo mismo que en pacientes que han sufrido una infarto del miocardio (De Caterina, R. et al. "Antiarrhythmic effects of omega-3 fatty acids; from epidemiology to bedside". American Heart Journal Sept 2003; 164:420-430). En términos de porcentaje, el aceite de pescado puede reducir la incidencia de muerte súbita cardiaca hasta un 45 %.
Por otro lado, puedo afirmar que hay una buena cantidad de literatura médica de apoya el hecho de que el aceite de pescado ayuda a mantener la elasticidad de las paredes arteriales, previene las embolias, reduce la presión sanguínea sistémica y estabiliza el ritmo cardiaco (Uauy-Dagach, R. & Valenzuela A. "Marine oils: the health benefits of n-3 fatty acids". Nutrition Reviews, Vol. 54, November 1996;56 : 719-724).

Investigadores de la Universidad de Cincinnati han encontrado que si uno toma complementos alimenticios de buena calidad de aceite de pescado, puede disminuir la presión diastólica en 4.4 mm Hg y la presión sistólica en 6.5 mm Hg. Esto es muy importante ya que puede ser suficiente para prescindir de medicamentos convencionales en casos de hipertensión leve (Appel L.J. et al. Moore T.J. et al. "Does supplementation of diet with fish oil reduce blood pressure? Archive of Internal Medicine, 1993; 153:1429-1438).

Con relación a la angina de pecho, el aceite de pescado ha sido estudiado para su efecto en este padecimiento causado por la reducción en el flujo sanguíneo en el propio corazón. Esta reducción se debe a un endurecimiento y estrechamiento de las arterias coronarias. En algunos estudios clínicos, algunos gramos de aceite de pescado han reducido el dolor de pecho lo mismo que la necesidad de nitroglicerina (Saynor R., Verel, D et al. "The long term effect of dietary supplementation with fish lipid concentrate on serum lipids, bleeding time, platelets and angina". Atherosclerosis, 1984; 50: 3-10).

Aquí debo mencionar que un meta-análisis de varias investigaciones para determinar el efecto de la suplementación con aceite de pescado sobre los niveles séricos de triglicéridos consistentemente señala un efecto importante en la disminución de los triglicéridos. Las dosis del aceite de pescado en los estudios van de 0.5 gramos a 25 gramos diario con una ingesta promedio de 6 gramos al día. Estos números se refieren a la cantidad recibida de ácido EPA y de ácido DHA. La relación promedio de EPA a DHA en estos estudios es de 1.5 y las investigaciones tuvieron una duración de dos semanas hasta 2 años. El efecto de bajar los triglicéridos estuvo relacionado con la dosis. En general, los niveles de colesterol no cambiaron.

Por otro lado, la investigación de Prevenzione-GISSI examinó el efecto de la ingesta de complementos con vitamina E y el aceite de pescado en la dieta sobre la mortalidad y la morbilidad en más de 11,000 individuos que habían sufrido un infarto al miocardio dentro de los 3 meses antes de entrar al ensayo. Los individuos (un 85 % de hombres, un 51 % de menores de 60 años) fueron asignados al azar a uno de 4 grupos. Un grupo, consistente en 2,836 sujetos, recibió un gramo de aceite de pescado diario conteniendo de 850 mg de ácidos grasos en forma de esteres de etilo y en una relación de EPA a DHA de 1 a 2. Un segundo grupo, consistente en 2,830 sujetos recibió 300 mg de vitamina E en forma de D-alfa tocoferol sintético. Un tercer grupo de 2,830 sujetos recibió ambos, el aceite de pescado y la vitamina E, mientras que el cuarto grupo de 2,828 actuó como control . El ensayo tuvo una duración de tres años y medio.

El punto final primario combinado fue la muerte, el infarto al miocardio y una embolia. El tratamiento con el aceite de pescado, pero no la vitamina E, significativamente disminuyó el riesgo del punto final primario. El efecto del tratamiento combinado fue semejante al del aceite de pescado solo. Aunque la vitamina E sí mostró una tendencia hacia la reducción en la mortalidad, la tendencia no mostró importancia. No se reportaron efectos adversos excepto por algunos síntomas ligeros gastrointestinales. La dosis usada del aceite de pescado en el ensayo disminuyó los triglicéridos séricos cerca de un 3.4 %.

El resultado más importante de este ensayo fue la reducción en el riesgo para una muerte general y una muerte cardiaca súbita. Este estudio sugiere que hasta 20 vidas por 1,000 pacientes post-infarto al miocardio podrían salvarse al consumir dosis diarias de aceite de pescado.

Cada vez la evidencia se acumula, por ejemplo un meta-análisis del efecto del aceite de pescado después de una angioplastía coronaria indicó que las personas que habían sido sometidas a una angioplastía exitosa tuvieron una tasa significativamente más baja (13.9 %) de restenosis cuando se les dieron de 4 a 5 gramos diarios de mezclas nutricionales de ácidos grasos EPA y DHA durante 3 meses a un año después de la angioplastía.

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