El cáncer y los ácidos grasos

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río
Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.


La incidencia del cáncer en general, como es sabido por todos, aumenta año con año. Eso significa que realmente no estamos ganando la guerra contra el cáncer. Histológicamente hablando, existen aproximadamente 200 tipos diferentes de cáncer. En nuestro país, el cáncer actualmente representa la cuarta causa de muerte, pero seguramente en un futuro próximo, se convertirá en la segunda o tal vez la primera causa de muerte. Esto es sumamente importante.

El cáncer es una enfermedad muy triste. La muerte por cáncer, generalmente implica mucho más sufrimiento que cualquier otra forma de muerte, como la producida por un ataque cardíaco. El paciente con cáncer puede llevar una vida miserable durante meses o años, antes de que su sufrimiento termine con la muerte. Una gran parte de su miseria puede ser causada por el tratamiento que se le administra, tratando de controlar la enfermedad.

Varios científicos creemos que podemos absorber energía de los rayos del sol porque nuestras membranas celulares están formadas por lipoproteínas que contienen ácidos grasos esenciales, cuyos electrones resuenan precisamente cuando son golpeados por la frecuencia adecuada. De acuerdo con esta hipótesis, esta energía es la chispa que inicia y guía el ciclo de Krebs, el proceso químico en virtud del cual obtenemos energía de los alimentos que comemos.

Es bien sabido que en las células cancerosas de cultivo no se encuentra el "primer paso enzimático" del metabolismo normal de los ácidos grasos esenciales (LM Dunbar et al. “Enzyme Deletions and EFA metabolism in cultured cells” J Biol Chem,1975, 250 pp 11521154), y la investigación actual revela que, tal como se podía esperar, ciertos ácidos grasos esenciales matan a las células cancerosas en condiciones de laboratorio (Harnessing fatty acids to fight cancer, Science New, 133 p132). Casi todos los experimentos similares dan por sentado que los ácidos grasos esenciales poseen una enorme actividad anticancerosa (J Booyens et al. “some effects of the essential fatty acids on the proliferation of human osteogenic sarcoma cells in culture, Prostaglandins, leukotrienes medicine, 1984, 15, pp 15-33).

Hasta hace algunos años eran muy pocos los científicos que habían establecido una relación entre la incidencia de los cánceres en una población y el tipo de alimentación. Sir Richard Doll estableció la relación entre el tabaco y el cáncer del pulmón. Pero en 1968 publicó un estudio donde se llegó a la conclusión de que del 30 al 70 % de todos los cánceres están relacionados con el tipo de alimentación.

Durante el último siglo, la cantidad de ácidos grasos en nuestras dietas ha disminuido en forma continua y estable, principalmente por el procesamiento de los alimentos y las altas temperaturas usadas al cocinar, las cuales destruyen o degradan a los ácidos grasos. Además ciertas situaciones como el estrés crónico y las infecciones hacen que perdamos ácidos grasos esenciales en nuestro cuerpo.

Otro problema es que la dieta occidental actual contiene una relación inadecuada entre los omega 3 y los omega 6. Hace muchos años, las relación era de aproximadamente 1:1. Sin embargo, los estudios nos demuestran que la relación de omega 3 a omega 6, es hoy en día de 30:1.

Con respecto a los efectos de los ácidos grasos esenciales en la prevención del cáncer, puedo mencionar lo siguiente: a) los ácidos grasos pueden ayudar a bloquear las señales que ordenan replicarse a las células cancerosas. b) parece que los ácidos grasos esenciales ayudan a mantener la fluidez de las membranas celulares. Esto es muy importante porque entre mayor sea el fluido de la membrana, será menos probable que esa célula se dañe cuando se empuje contra otras células en el cuerpo. c) Al reducir la capacidad de las plaquetas para agruparse, los ácidos grasos pueden ayudar a prevenir que los tumores cancerosos se separen de los agentes químicos y de las células corporales que atacan al cáncer d) hay suficiente investigación que relaciona el desarrollo del cáncer con niveles altos de agentes químicos naturales inflamatorios como las prostaglandinas (los ácidos grasos bloquean la producción del ácido araquidónico) e) algunos investigadores consideramos que una de las actividades de los ácidos grasos es la inhibir la expresión de ciertos genes conocidos como oncogenes que tienen que ver con la aparición del cáncer f) existen estudios que demuestran que los ácidos grasos alteran la producción de hormonas, como los estrógenos. Esto es muy importante en el caso de los tumores cancerosos que son sensibles a la actividad de las hormonas como el cáncer de mama, el de ovarios y el de próstata.

La mayoría de los estudios a nivel celular sobre los efectos de los ácidos grasos y el cáncer se han hecho en el cáncer de colon. La razón es que no es tan complicado tomar algunas células del intestino de un paciente y verificar los cambios en un microscopio. Por otro lado, después del cáncer de pulmón, el cáncer de colon es uno de los más frecuentes. Hay mucha evidencia clínica que demuestra que una dieta alta en fibra y baja en grasa animal protege contra el cáncer de colon (WC Willet et al “Relation of fat, fiber and meta intake to colon cancer risk in prospective study among women” NEJM 33 (1990) : 1662-1672).

En un estudio clínico doble ciego controlado con placebo, en pacientes con pólipos intestinales, los cuales se consideran lesiones precancerosas, se les administró en forma oral aceite de pescado por un período de 12 semanas. Los investigadores examinaron las células antes, durante y después del período de estudio de 12 semanas. Al final del estudio, se pudo comprobar una disminución en el tamaño y el número de los pólipos.

En un ensayo, los investigadores observaron los efectos de los ácidos grasos en los gliomas, un tipo de tumores cerebrales. Inyectaron ácido gamalinolénico directamente en los tumores cerebrales de algunos pacientes. Luego examinaron los tumores y al tejido cerebral circundante con TACs. Encontraron que todos los pacientes experimentaron una mejoría significativa, sin dañar al tejido sano circundante. Lo que significa que los ácidos grasos pueden ser usados como una terapia nutricional de apoyo en estos casos.

Otro tipo de cáncer que parece responder al tratamiento con ácidos grasos, es el cáncer de hígado. Un artículo de revisión que examinó varios reportes sobre el uso de ácidos grasos concluyó que muestran una gran esperanza cuando se usan como parte de un plan de tratamiento más amplio.

El uso de los ácidos grasos atrae más atención cada día como un tratamiento coadyuvante a la quimioterapia convencional. Se han hecho pruebas en cultivos de células de pacientes con cáncer de mama y respondieron mejor cuando se usaron los ácidos grasos juntos con los medicamentos convencionales. Por otro lado, también hay estudios clínicos en pacientes con cáncer de mama, donde se llegaron a las mismas conclusiones de que la combinación de ácidos grasos con los medicamentos convencionales fue más efectiva que cualquiera de los 2 solos.

Uno de los signos más comunes del cáncer es una complicación llamada caquexia. Es un estado en el que el paciente pierde el apetito lo que los lleva a una pérdida progresiva de grasa y proteína de los tejidos corporales. Si progresa, puede ser fatal.

Aunque todavía se requieren más investigaciones, podemos estar seguros que los ácidos grasos parecen ser un tratamiento ideal para la caquexia, principalmente porque proveen grasas esenciales y también son ricos en calorías. Además, la investigación en las causas de la caquexia sugiere que los agentes inflamatorios en el cuerpo tales como el factor de necrosis tumoral pueden estar involucrados (A Giacosa et al. “Food intake and body composition in cancer cachexia “Nutrition 12 Suppl (1996):S20-23).

Un expresion incrementada de los pasos proteolíticos ubiquitina-proteasoma es responsable de la degradación aumentada de las proteínas miofibrilares en el músculo esquelético y esto puede deberse a factores tumorales, tales como el factor inductor de proteolisis o factores como el factor de necrosis tumoral.

El único agente probado clínicamente que es capaz de interferir con la acción del PIF es el EPA. El EPA atenúa la degradación proteica en el músculo esquelético al prevenir la expresión aumentada de los pasos de la ubiquitina-proteasome, pero no tiene efecto sobre la síntesis de proteinas. Cuando se usa el EPA solo previene mayor adelgazamiento en los pacientes caquécticos y cuando se combina con un suplemento nutricional denso en energía y proteina, se puede observar una ganancia de peso, lo cual es masa corporal totalmente magra (Michael Tisdale, Cancer Caquexia, Pharmaceutical Sciences Research Institute, My 28, 2004)

En conclusión, yo creo que nadie debería esperarse a tener cáncer para empezar a tomar complementos alimenticios de ácidos grasos esenciales como terapia coadyuvante contra él. Todos sabemos que la prevención es la mejor medicina. Así que preguntémonos si no sería ideal mejor tomarlos como un auxiliar preventivo de enfermedades malignas.

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