La electrocontaminación

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río
Profesor de Farmacología del CUCS de la Universidad de Guadalajara y Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.


En la actual era de alta tecnología, el asunto que ha llegado a llamarse electrocontaminación no es sencillamente un campo nuevo para que lo cultiven los científicos, sino es también un asunto de considerable interés social, extendiéndose como lo hace la lista de riesgos en el medio ambiente humano. Por la naturaleza invisible y penetrante de la radiación no ionizante electromagnética descarriada y propagada a través de la atmósfera, la sociedad ha estado casi totalmente inconsciente de cualquier peligro y por eso apenas se han comenzado a promover procedimientos para regular y tomar las acciones necesarias que mejoren la situación. El 9 de Septiembre de 1985 se realizó un simposio en la Universidad de Howard sobre los efectos biológicos de la electrocontaminación. En este simposio se trataron los efectos humanos producidos por la electrocontaminación, lo cual confirmó la inmediación de esta única prioridad social.

En el simposio se habló del alcance de las actividades de las radiaciones de radiofrecuencia. Lin y su grupo presentaron un estudio epidemiológico sobre la incidencia de tumores cerebrales en los trabajadores eléctricos. Spitz y Johnson proporcionaron mayores datos epidemiológicos sobre la incidencia de neuroblastomas entre los niños cuya ocupación paterna era en las industrias electrónica y eléctrica. Blackman introdujo modelos experimentales radiobiológicos no térmicos para estudiar la electrocontaminación (Biological Effects of Electropollution, Sisir K Dutta, Richard Millis, 245 pp. Information Ventures, Inc., 1986).

Es muy difícil aceptar que los campos electromagnéticos no tienen ningún efecto sobre los seres vivos. Los seres humanos tenemos magnetita biogénica en nuestro cuerpo, especialmente en el tejido del hipocampo (Magnetic Material in the Human Hippocampus, JR Dunn, M Fuller et al., Brain Res Bull 1995, 36/2:149-153).

Es muy importante recordar que cualquier corriente eléctrica producirá a su alrededor un campo electromagnético directamente proporcional al amperaje de la misma. Experimentos realizados desde 1981 por el Dr. Robert Becker demostraron que las células cancerosas expuestas a ciertos factores eléctricos, especialmente usando corriente directa, crecieron 300 % más rápido que las células de control. Las células crecían con la polaridad negativa (Visintainer MA, et al., Science 216:437, 1982. Report on how electrical stimulationof the brain increases the growth of cancers).

De acuerdo al Dr. Jerry Phillips del Centro de Tratamiento e Investigación del Cáncer en San Antonio Texas, la evidencia científica es absolutamente concluyente; los campos electromagnéticos de 60 Hertz causan que las células cancerosas humanas aumenten permanentemente su tasa de crecimiento tanto como el 1,600 % y que desarrollen más características malignas (Phillips J., Winters, WD and Rutledge J. International Journal of Radiation Biology 49:463, 1986. Report that exposure to 60-Hz electromagnetic and magnetic fields increases rate of growth of human cancer cells), (Phillips J. Immunology Letters 13:295, 1986. Report that human cancer cells exposed to 60-Hz fields resist destruction by body´s killer-type cells).

Dentro de la oncología, existen factores iniciadores, promotores y misceláneos que pueden producir cáncer. Los campos electromagnéticos se encuentran en la categoría de los factores misceláneos.

En 1992, el Departamento de Servicios de Salud del Estado de California, a través de su Programa de Estudios Epidemiológicos Especiales publicó un folleto donde instruye a los ciudadanos sobre los efectos de los campos electromagnéticos provenientes de los aparatos eléctricos domésticos, líneas de poder y otras fuentes comunes.

Actualmente, la energía electromagnética abarca todo el mundo, es decir, no hay lugar donde esconderse de ella. En los lugares más remotos del planeta también estaríamos expuestos a un nivel de frecuencias corrientes ubicuas de 50 o 60 Hz, igual que las ondas de radio reflejadas en la ionósfera. Con esto, fácilmente podemos percatarnos de que el problema de la electrocontaminación es mundial y para resolverlo se requeriría de un inmenso esfuerzo y coordinación internacional. Por otro lado, como individuos, sí tenemos algo de control sobre nuestros aparatos electromagnéticos que ordinariamente utilizamos en nuestra vida diaria. El único concepto básico que debemos de aplicar es la tasa de riesgo-dosificacion.

Además, la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca otorgó el segundo lugar en el Concurso de Divulgación escrita en temas de frontera a un trabajo que trata exactamente de este problema ambiental (Excélsior, 19 de Mayo de 1996).

Durante 1988, el Dr. E. Courchesne encontró que una porción anatómica específica del cerebelo es mucho más pequeña y menos desarrollada en los niños autistas que en los niños normales.

Por otro lado, el Dr. Hans-Arne Hannson del Instituto de Neurobiología de la Universidad de Goteborg en Suecia, reportó que la breve exposición a microondas resulta en un daño en las estructuras celulares nerviosas después de 2 meses de dicha exposición. Se encontró que los cambios anatómicos patológicos fueron producidos específicamente en los cerebelos de los recién nacidos.

Por el momento, no podemos estar seguros si las lesiones reales en los cerebelos de los niños autistas igualan a la de los cerebelos de los animales que fueron expuestos o a campos de frecuencia de poder o a microondas. Sin embargo, el surgimiento aparente del autismo como un problema clínico, a principios de los años 40´s, sí coincide con el incremento marcado en nuestro uso de la energía electromagnética. El hecho de que ambos los niños autistas y los animales experimentales hayan mostrado lesiones en la misma porción del cerebro, es una coincidencia notable que debe de estudiarse profundamente.

Se puede agregar al debate de los campos electromagnéticos y la salud, una relación interesante entre la enfermedad de Alzheimer y la exposición a los mismos. En un congreso reciente realizado en Minneapolis, el investigador Joseph Sobel de la Universidad del Sur de California reportó sobre tres estudios que demuestran lazos dramáticos entre la exposición en el lugar del trabajo a fuertes campos electromagnéticos y un riesgo posterior a la enfermedad degenerativa del cerebro. Los sujetos a exposiciones altas fueron 3 veces más propensos a desarrollar Alzheimer que la gente que no trabajaba alrededor de campos eléctricos. Dos de estos estudios se realizaron en Finlandia, otro en Los Angeles. Se incluyeron 386 pacientes y 475 sujetos de control.

Los científicos Daneses están impactados porqué la gente que nunca pondría su cabeza en un horno de microondas, están totalmente felices en cocinar a sus cerebros como "carne" al sostener un teléfono celular en su cabeza durante horas (Powerwatch UK 1395-96, 1.5.96 p.1).

Varios estudios han demostrado que:
Del 20 al 80 % de la radiación electromagnética generada por los teléfonos celulares (dependiendo de la manufactura) se absorbe directamente en el cerebro del usuario.

Unos pocos minutos de exposición a la radiación del tipo de los teléfonos celulares puede transformar un cáncer 5 % activo en un cáncer 95 % activo.

La FDA de los EE.UU. aconseja a los usuarios a usar los teléfonos celulares sólo cuando sea absolutamente necesario y hacer las llamadas lo más breve posible (Times 3.5.96, p.1, 1289)
La Volkswagen advierte a sus clientes de no usar teléfonos celulares dentro de los carros, preocupados por que los campos electromagnéticos producidos por la combinación del teléfono y la carrocería de metal del carro puede resultar en un riesgo para la salud (Nexus 1.10.95 p.37-39, 626).

Las demandas contra los fabricantes de teléfonos celulares se están acumulando en los EE. UU. Los médicos han observado que cuando los usuarios desarrollan cánceres en el cerebro tiende a ser detrás de la oreja en la cual habitualmente el teléfono es sostenido (Environment & Health News, Sample, 1998).

Ahora bien, la buena noticia es que ya existe un método moderno para progeternos de estos campos electromagnéticos dañinos. Se fabrican unos pequeños aparatos protectores para uso personal. Pero también se manufacturan unos protectores especiales individuales para cada aparato electrónico doméstico, como la computadora o la televisión. Lo más moderno, son los protectores para grandes áreas, es decir para proteger una recámara o una sala en nuestra casa.

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