Una amenaza radiactiva invisible: el gas radón

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río
Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.


En la actualidad, cada vez más gente está consciente del peligro de la radiación, no solamente de la producida por las plantas nucleares o pruebas nucleares, sino también por las radiaciones cósmicas que nos llegan continuamente en forma natural. Muchos se pueden sorprender al saber que dentro de nuestra propia casa podemos encontrar niveles altos de radiación ionizante debido a un gas que emana desde adentro de la tierra.

El radón es un gas radiactivo que ocurre en la naturaleza. No tiene sabor, ni olor y no se puede ver. Al ser radiactivo, puede convertir en células cancerosas a las células sanas de nuestro cuerpo.

El radón viene de la desintegración natural de minerales radiactivos como el uranio o el radio. El radón puede encontrarse en altas concentraciones en tierras y rocas que contengan uranio, granito, esquistos, fosfatos y en pechblendas. El radón también puede encontrarse en suelos contaminados con ciertos tipos de desperdicios industriales, tales como los residuos del uranio y las minas de fosfatos.

Este gas radón puede emanar del subsuelo a través de fisuras creadas por las fallas geológicas o por las corrientes subterráneas de agua. Claro que el grado de radiactividad depende de otros factores también, como la porosidad, la piezoelectricidad de los diferentes substratos, la permeabilidad del suelo, la presión atmosférica (a menor presión atmosférica, hay mayor radiactividad liberada por el terreno) y la estación del año (hay mayor radiactividad durante el verano).

En lugares abiertos, este gas normalmente se disipa, pero el problema está cuando el gas penetra en los edificios, escuelas y casas. Al grado que podemos llegar a recibir las mayores dosis de radiactividad dentro de todas estas viviendas. Esto significa que los lugares poco ventilados o aquellos herméticamente cerrados, pueden, en un momento determinado convertirse en un riesgo para nuestra salud. La vida media de este gas radón, es de 3.8 días. Durante este tiempo se transforma en polonio-218 radiactivo.

Algunos materiales de construcción también pueden liberar radiactividad. Algunos tipos de hormigón desprenden gases radiactivos, lo mismo que el granito y la piedra pómez.

En varios países como Suecia, Gran Bretaña y Estados Unidos se considera al gas radón como un problema de salud pública, ya que a él se le atribuyen entre 5,000 a 20,000 muertes cada año por cáncer pulmonar. Esto significa que es la segunda causa de cáncer pulmonar después del cigarro. Además aquellos que viven en una casa contaminada con radón y fuman, tienen 10 veces más riesgo de sufrir de cáncer pulmonar.

El radón puede también estar presente en el agua de nuestro aljibe y liberarse en el aire de nuestra casa cuando se utiliza el agua, ya sea para bañarnos o para cualquier otra tarea casera. En la mayoría de los casos, el radón que entra a nuestras casas a través del agua es un riesgo muy pequeño comparado con el radón que entra a través del subsuelo.

La concentración de radón en el aire se mide en unidades de picocuries por litro (pCi/lt) de aire. Se considera como no dañino, un nivel de 1.5 pCi/lt. Si la concentración de radón es de 4 a 20 picocuries por litro, se recomienda hacer una prueba de seguimiento al año. Si la lectura es entre 20 y 200 pCi/lt, entonces se recomienda un revisión a los 3 meses. En caso de encontrar una lectura mayor de 200 pCi/lt, se recomienda actuar de inmediato para resolver el problema.

Se estima que el resultado de una exposición anual a niveles de radón de 5 pCi/lt es igual al riesgo de fumarse 10 cigarros diarios o a tomarse 200 radiografías del tórax en un año.

El primer paso que debemos dar, es medir el nivel de radón en nuestras casas, oficinas y escuelas. Existen 2 tipos de detectores de radón que se usan comúnmente, uno es el que utiliza carbón y se expone de 2 a 7 días. El otro es un detector de partículas alfa y se tiene que exponer durante 4 semanas o más.

Se considera que una de cada 5 casas tiene niveles altos de radón. Eso quiere decir que no podemos excluir a ninguna vivienda de la posibilidad de tener altos niveles de radón contaminante.

Para evitar o eliminar el problema de la contaminación del gas radón, debemos de sellar las grietas de nuestras casas, sobre todo aquellas que tienen sótano. También hay que revisar nuestras tuberías, ya que el agua puede llevar al radón. El punto más fácil de realizar es el de contar con un ambiente abierto, de esta forma, el gas radón no se puede concentrar. Así que no olvidemos abrir puertas y ventanas periódicamente y utilizar extractores adecuados y ventiladores para conservar una corriente conveniente de aire en los lugares que habitamos y en los que trabajamos también.

Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 13% y un 25 % de todas las leucemias agudas son atribuidas al radón. En Italia, se cree que los casos de leucemia aguda debidos al radón son aproximadamente el 5 %. Por otra parte, en Inglaterra, se considera que el 12 % de los casos de leucemia aguda, se deben a la contaminación del radón.

La razón por la cual el radón es nocivo para nuestra salud, es porque la radiación que emite produce radicales libres. Los radicales libres son átomos que actúan en forma caótica debido a su inestabilidad. Esta inestabilidad está causada por la pérdida de un electrón en la última órbita. Esto hace que los átomos inestables (es decir los radicales libres) busquen y tomen electrones de otras moléculas; al tomar un electrón de ciertos componentes claves de la célula, tales como las moléculas de grasa, de proteína o de DNA, los radicales libres dañan a las células. La consecuencia de ésto, es la generación de alguna enfermedad. La mayoría de los investigadores especialistas en los radicales libres consideran que pueden causar el 90 % de todas las enfermedades degenerativas que aflijen a la humanidad en la actualidad.

En el pasado se pensaba que el colesterol era la causa principal de las enfermedades cardíacas pero las nuevas investigaciones indican que los verdaderos responsables son estas moléculas llamadas radicales libres. Durante mucho tiempo se ha sabido que la artritis viene de la inflamación constante, pero los radicales libres causan tal inflamación. Es claro que el cáncer es producido por una mutación genética, pero los radicales libres provocan la mayoría de las mutaciones genéticas. Esto quiere decir que hemos encontrado una sola causa, en donde antes se pensaba que habían muchas.

Entre las enfermedades más conocidas que son producidas por los radicales libres, se encuentran las siguientes: la arterioesclerosis, el cáncer, las embolias, las enfermedades cardíacas, el enfisema, la diabetes, las cataratas, etc.

Claro que existen muchos contaminantes que también generan la producción radicales libres. Tal es el caso de muchos químicos, como los pesticidas, herbicidas y fertilizantes. Lo mismo sucede con muchos medicamentos. Los alimentos procesados frecuentemente contienen altos niveles de peróxidos lipídicos, los cuales producen radicales libres. El humo del cigarro, el alcohol, la luz de sol y la radiación electromagnética también pueden causar radicales libres.

Nuestro cuerpo cuenta con 3 mecanismos de defensa contra la producción de radicales libres. Estos mecanismos se llaman sistemas antioxidantes. Los sistemas antioxidantes corporales son a) las enzimas b) los nutrientes y c) la autoreparación.

Los antioxidantes que ocurren en forma natural en nuestro cuerpo y en ciertos alimentos, pueden bloquear algo de esta daño al donar electrones para estabilizar y neutralizar los efectos nocivos de los radicales libres.

Como ya mencioné, uno de estos sistemas de defensa antioxidantes son las enzimas. Todas y cada una de las células de nuestro cuerpo tiene un mecanismo complejo antioxidante de enzimas cuya función es la de dispersar los radicales libres.

De estos sistemas antioxidantes, el más conocido por el hombre común, es el de los nutrientes. Los nutrientes con mayor capacidad antioxidante son las vitaminas C, E y el beta caroteno. De los minerales, los más poderosos antioxidantes son el selenio, el cobre y el zinc. De los aminoácidos, los que cuentan con mayor fuerza antioxidante, son la metionina y el glutatión. Muchos investigadores sentimos que para luchar contra los radicales libres en forma efectiva, los niveles generales de todos estos nutrientes destructores de los radicales libres necesitan ser mucho más altos que lo que los expertos nutricionales habían pensado.

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